Consecuencias de la visita triunfal del Papa

Consecuencias de la visita triunfal del Papa

Pope Francis walks alongside US President Barack Obama and First Lady Michelle Obama upon arrival at Andrews Air Force Base in Maryland, September 22, 2015, on the starjt of a 3-day trip to Washington. AFP PHOTO / SAUL LOEB

Pope Francis walks alongside US President Barack Obama and First Lady Michelle Obama upon arrival at Andrews Air Force Base in Maryland, September 22, 2015, on the starjt of a 3-day trip to Washington. AFP PHOTO / SAUL LOEB

La visita del Papa Francisco a Cuba y los Estados Unidos constituye un gran triunfo personal así como institucional de la Iglesia Católica, que desborda las fronteras de los países visitados.
En ambos el Papa dijo lo justo y necesario sin apartarse de los preceptos de la fe y de la doctrina social de la Iglesia, cuidándose de ofender a sus anfitriones. También se abstuvo de realizar actos que pudieran haber sido considerados inamistosos hacia los gobernantes que lo recibieron.
En Cuba esa característica fue notoria cuando declinó recibir a los disidentes del régimen castrista aduciendo la razón, formalmente correcta, de que realizaba una visita de carácter pastoral carente de contenido político. La negativa de dar una audiencia personal a la presidenta de Argentina que viajó hasta Cuba para participar en los eventos religiosos, le otorgó una justificación razonable para no conversar con los grupos opositores. Sin embargo, en sus discursos y homilías intercaló algunas frases favorables a la tolerancia y libertad y exhortó la terminación del embargo todavía vigente de los Estados Unidos. Para coronar sus actividades el Papa Francisco conversó con Fidel rodeado de su familia en un ambiente muy amistoso. La Iglesia Católica cubana emerge como una fuerza religiosa independiente, no sometida pero tampoco opositora. Todo ello con el clarísimo precio, de consolidar al régimen castrista y de postergar indefinidamente cualquier apertura libertaria hacia la oposición.
Cuando el Papa Francisco arribó a Washington enfrentó una situación distinta más allá de ser recibido por el Presidente Obama, la Primera Dama y la jerarquía católica norteamericana. La recepción en la Casa Blanca fue un éxito. En sus discursos evitó alusiones críticas al capitalismo, pero si mencionó la necesidad de respetar a los inmigrantes invocando su propia condición de argentino de primera generación. En el Congreso de los Estados Unidos se refirió a la gran potencia como “la tierra de los libres y el hogar de los bravos”, frase que arrancó una estruendosa ovación.
Fueron visibles la alegría del Vicepresidente Biden y las lágrimas del Presidente de la Cámara Baja, Boehner, ambos católicos el primero demócrata y el segundo republicano, que luego renunció inesperadamente a su cargo por discrepancias con su partido. En Nueva York Francisco habló en las Naciones Unidas refiriéndose a la necesidad que el acuerdo nuclear con Irán sea duradero, mencionando luego la trilogía social de “techo, tierra y trabajo”. Sus actividades restantes fueron pastorales incluyendo la misa en el Madison Square Garden y la visita a las Torres Gemelas donde representantes de todas las confesiones religiosas, oraron por la paz. Su presencia le confirió a la Iglesia Católica un realce extraordinario, indispensable para superar los escándalos de la pedofilia.

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